SEMINARIO DE FILOSOFÍA

SEMINARIO DE FILOSOFÍA

Nombre: María Ignacia Bustos

Curso: 4 Medio B

Asignatura: Seminario de Filosofía

Profesor(a): Ana Moyano

La política como un espacio “entre los seres humanos”

         En el presente ensayo se abordará el problema del surgimiento de la política para desarrollar la hipótesis del nacimiento de la política en el espacio público y entre los seres humanos.

             Si nos remontamos a la Antigua Grecia podemos constatar la  importancia que tenía la política en la vida de los ciudadanos y la gran cantidad de tiempo que les demandaban las asambleas populares. El historiador francés Fustel de Coulanges en su obra “La ciudad antigua” (1864) explica que la independencia política no estaba permitida, dejando en claro que la libertad de los ciudadanos estaba limitada totalmente. De todos modos, había adherencia a la forma de gobierno ya sea por el privilegio que significaba ser un ciudadano libre (versus ser un esclavo o un trabajador) o por el miedo a sufrir la pena del ostracismo.

La política era, por lo tanto, un tema de interés para los filósofos griegos de la época clásica. En este contexto político es en el cual Aristóteles desarrolla su teoría política. En ella considera al ser humano como un ‘zoon politikon’, es decir, como un animal político. De este modo, lo político es una característica esencial de lo humano, una capacidad interior dada por naturaleza, ya que es el único animal dotado de palabra que puede dedicarse a la política. El lector podrá preguntarse por qué Aristóteles definió al humano como un animal político y no como un animal social. La diferencia la explica muy bien Hannah Arendt en su libro “La Condición Humana” (1958) que dice que utilizar el término social es igualmente aplicable a otras especies animales que también viven de forma gregaria. La asociación es una forma primitiva de organización social para asegurar la subsistencia. Lo social, entonces, era para los griegos lo relativo a la familia, lo privado. Por otro lado, lo político era eso que se daba en el espacio público, en el cual eran posibles el discurso y el debate como elementos básicos en el funcionamiento de la democracia ateniense.

Siguiendo con la idea explicada, la autora denomina “pluralidad” a la política que surge de la relación que se establece entre los seres humanos. Por este motivo es que la autora le da tanta importancia al discurso y el debate presentes en los sistemas democráticos, ya que ellos son la manifestación de esa política y revela la pluralidad. Así, la política no es una característica perteneciente a la esencia del ser humano sino que surge en el espacio público “entre” los seres humanos. Esto es posible por el uso de la palabra, algo propio del ser humano pero también porque  El hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de ésta debe concernir a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible (ARENDT, 1993). Es decir que, los seres humanos para sobrevivir se ven obligados a relacionarse y entablar conversaciones con pensamientos diversos en debates y diálogos.

El discurso y el debate son muy importantes ya que son el modo en que deberían resolverse los conflictos o diferencias entre personas. Esto excluye tajantemente la utilización de la violencia porque ella no permite que surja la pluralidad e impide que las personas se puedan expresar libremente, suprimiendo toda acción humana. Tales eventos sucedieron con los sistemas totalitarios, regímenes que descomponen a una sociedad y limitan la condición de un ser humano auténtico. Así, la política se configura como inhumana, cuando se reduce a una jerarquía vertical del Estado en la que las personas sólo obedecen órdenes, aún las más injustificables y sin derecho a manifestar opinión. Esto va claramente en contra de una forma de gobierno abierta a la singularidad y a las diferencias de una humanidad que madura democráticamente. Por esto, se concluye que la tarea del ciudadano no es otra que recuperar su verdadera condición política alejada de toda violencia, logrando desplegar la radical democracia que subyace en la misma condición humana. Por último, se acaban las razones para uso de la violencia si consideramos que todo ser humano es digno de derechos y debe ser reconocido como un igual independientemente de que no estén unidos por un parentesco, sin interesar su nacionalidad, raza o creencias.

Podríamos relacionar el concepto de política de Arendt con el de Foucault, que él llama “biopolítica”, sólo en el sentido de un poder que está entre nosotros, entreverado en diferentes tipos de relaciones humanas. Concepción de poder muy diferente a la asociada a la política tradicional del siglo XVII, en la cual existía un “súbdito” y no un “ciudadano” y un soberano en el que residía toda autoridad. En un contexto así, la pluralidad no existe, la política no existe, diría Hannah Arendt.

A diferencia de Arendt, Foucault no connota de buenas cualidades al biopoder porque se trata de un poder ya no opresor sino represor porque reside en el mismo ser humano quien, a través de la normalización de normas morales imperantes en su tiempo y espacio, ha disciplinado su cuerpo y su mente para ser dócil a un sistema o estructura dominante. Por lo antes dicho, la barrera entre el espacio de lo público y lo privado se diluye, quedando el ser humano sin posibilidades de refugiarse de esta dominación o de poder entablar una lucha contra ella.

Años después de Foucault, Arendt tiene frente a sí un nuevo campo para pensar la política. Ya Foucaul había deconstruido el concepto tradicional de política y ella pudo presentar una nueva forma de comprender incluso la concepción foucaultiana. Cuando Arendt habla de política y, según ella, cuando el ser humano se ocupa de asuntos políticos, lo hace porque el punto central de la política es siempre la preocupación por el mundo y no por el ser humano (ARENDT, 1997). La política es una acción compartida y para alcanzar sus fines necesita de la colaboración de otros en términos de igualdad en dignidad pero también considerando las diferencias como elemento necesario para la pluralidad.

En conclusión el ser humano necesita de otros para la sobrevivencia pero también sólo relacionándose con ellos puede hacer surgir la política, como medio para un fin superior que es el mundo, la solución de los problemas que en él se presenten y que afecten la sobrevivencia, el bienestar de todos los seres humanos. Si dejamos de relacionarnos con otros y deja de existir la política como medio para el fin de la sobrevivencia, seremos como lobos para otros, volviéndonos inhumanos. De acuerdo con lo que la autora plantea, podemos deducir que no se puede pretender la inexistencia de disputas y controversias cuando hablamos de la relación entre seres humanos, pero sí podemos reflexionar sobre los medios (democráticos) para resolverlas, como lo son el diálogo o debate. ¿Podrá el ser humano alcanzar de una vez por todos un nivel de desarrollo intelectual tal que le permita, después de ventiún siglos de historia, hacer primar el debate y el diálogo en su forma de relacionarse y hacer política?

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